La veía a lo lejos, allí estaba...en el horizonte.
Se preparó para el viaje en su búsqueda
dispuesto a recorrer la gran distancia que los separaba.
Caminaba y caminaba
y siempre la veía igual de lejos.
Parecía que los pasos que daba hacia adelante
los daba la Utopía hacia atrás.
Pasaron días pero el Idealismo seguía
con la ilusión de encontrarla.
Pasaron semanas y su ilusión iba menguando cada vez más.
Un día, desesperó y echó a llorar
pensando que jamás podría estar cerca de ella.
De repente, apareció la Esperanza y le preguntó
¿Porqué lloras?
Porque jamás podré estar cerca de mi Utopía!
a lo que la Esperanza contestó:
Es posible que no alcances jamás la Utopía...
...pero sabes para qué sirve?
Sirve para caminar.
Foto: Can Marroig (Formentera)
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