sábado, 27 de octubre de 2007
martes, 23 de octubre de 2007
El que espera desespera
Tener esperanza en conseguir algo; permanecer en un sitio hasta que llegue uno o suceda algo.
Decir que creo que algunas personas estan equivocadas seria muy arrogante por mi parte y, evidentemente, incierto segun desde donde se mire... todo tiene su prisma.
Pero me atrevo a decir que mucha gente espera, espera, espera... a que pase algo en su vida que les haga sentir viv@s. Cuando este algo aparece vuelcan sobre él (o ella o ello) todas aquellas espectativas que tienen, con el gran error de creer que ello/ella/el solucionará su infelicidad. Como si la infelicidad fuera algo externo a nosotras, como si se pudiera conseguir la felicidad sin cambiar ni modificar nada de nosotras mismas.
Eso no deja de ser un espejismo que, además, hace que no vivas las pequeños detalles que te regala constantemente la vida, día a día. Y tampoco deja sitio a la improvisación, a la aventura, a la duda y la áutocrítica, a la valentía a afrontar aquello de nosotros que no nos gusta... porque en realidad es eso: miedo a conocernos.
Como dice mi madre: el que espera desepera, así que vive de una vez sin engañarte a tí mismo.
jueves, 18 de octubre de 2007
la espalda del mundo
Otra cosa es que nos interesemos por ellos...
Batalla campal durante un desalojo en un poblado chabolista de las afueras de Madrid ( Diario Córdoba - 18/10/2007 )
martes, 16 de octubre de 2007
Pureza
Hay que estar atentos a los regalos de la naturaleza,
no somos nada comparados con su belleza y fuerza.
Foto: Valle del Silencio, Bierzo.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Femicidios
República democrática del Congo: la guerra contra las mujeres
por Ensler Eve
(...)La situación no es otra cosa que un femicidio y tenemos que reconocerla y analizarla como tal. Es un estado de emergencia. Las mujeres son violadas y asesinadas en todo momento. Los crímenes contra el cuerpo de la mujer son suficientemente horribles por ellos mismos.
No obstante hay que añadir lo siguiente: a causa de una superstición que dice que si un hombre viola a mujeres muy jóvenes o muy ancianas este obtendría poderes especiales, niñas de menos de doce años y mujeres de más de ochenta están siendo victimas de violaciones. También hay que añadir las violaciones de mujeres delante de sus maridos e hijos. Pero la mayor crueldad es la siguiente: soldados seropositivos organizan comandos en los pueblos para violar mujeres, mutilarlas… Se han informado centenares de casos de fístulas en la vagina y en el recto a causa de la introducción de palos, armas o violaciones colectivas. Estas mujeres ya no pueden controlar su orina o sus defecaciones. Después de ser violadas, las mujeres son también abandonadas por su familia y su comunidad.
Pero el crimen más terrible es la pasividad de la comunidad internacional, de las instituciones gubernamentales, de los medios de comunicación…la indiferencia total del mundo delante de tal exterminio.
Pasé dos semanas en Bukavu y Goma entrevistando a las sobrevivientes. Algunas de ellas venían de Bunia.
Efectué al menos ocho horas de entrevistas por día. Compartí con estas mujeres almuerzos y sesiones de terapia. Lloré con ellas. El nivel de atrocidades supera la imaginación. En ninguna parte había visto este tipo de violencia, de tortura sexual, de crueldad y de barbarie. Un clima de violencia existe en la zona este del Congo. Allí las violaciones se han convertido, tal y como me lo dijo una sobreviviente, en “deporte nacional”.
Las mujeres son menos que ciudadanas de segunda. Los animales son mejor tratados. Pareciera ser que cada tropa esta implicada en las violaciones: las FDLR, las Interahamw, la armada congolesa e incluso las fuerzas de paz de la ONU. La falta de prevención, de protección y la ausencia de sanciones son alarmantes.
Pasé una semana en el Hospital de Panzi, viviendo en un pueblo de mujeres violadas y torturadas. Era como una escena de una película de terror futurista. Escuché historias de mujeres que vieron como sus hijos eran brutalmente y cínicamente asesinados delante de ellas. Mujeres que fueron forzadas, bajo la amenaza de las armas, a ingerir excrementos, beber orina o comer bebes muertos. Mujeres que fueron testigos de la mutilación de los genitales de sus maridos o violadas durante semanas por grupos de hombres. Estas mujeres hacían cola para contarme sus historias. Los traumas eran enormes y el sufrimiento extremadamente profundo. […]
Las mujeres sufren enormemente. Están debilitadas por las violaciones, las torturas y la brutalidad. Prácticamente no hay apoyo para ellas. Después de vivir estas atrocidades son incapaces de trabajar en los campos o de transportar cosas pesadas, por tanto dejan de tener ingresos. Vi llegar al menos a doce mujeres por día a ese pueblo. Llegaban cojeando y apoyándose en bastones hechos a mano. Varias mujeres me contaron que “los bosques olían a muerte” y que “no se podía caminar ni cinco pasos sin tropezar con un cuerpo”. Durante la semana que pasé en Panzi, el gobierno cortó el agua por tanto el hospital, donde habían centenares de mujeres heridas, quedó sin agua. El mismo hospital por el cual las mujeres caminaban más de sesenta kilómetros ya que no había nada más cerca. El mismo hospital dónde no había nada que comer (dos niños murieron de malnutrición en un día). […]
Y mientras que nosotros estamos aquí, realizando nuestro informe, hay mujeres que están siendo violadas, niñas que están siendo destrozadas para siempre, mujeres que están siendo testigos del asesinato (a golpe de machete) de sus familias y otras que están siendo infectadas por el virus del SIDA.
¿Dónde está nuestra indignación?

lunes, 8 de octubre de 2007
Sorpresa
martes, 2 de octubre de 2007
Digo, dices, dice...


